martes, 29 de septiembre de 2015

Juan de Mal Lara, La Psyche


         Juan de Mal Lara, La Psyche, estudio preliminar, notas y edición crítica de Francisco Javier Escobar Borrego, México, Frente de Afirmación Hispanista, A. C., 2015     


            "Juan de Mal Lara tuvo que ser por fuerza un trabajador incansable y talentoso. De otra manera no se explica que pudiese llevar a cabo una obra que resulta verdaderamente ciclópea en su extensión y diversidad. Por ceñirme ahora a sus dos grandes poemas mitográficos, el Hércules animoso y La Psyche, impresiona ver, por descontado, las decenas de miles de endecasílabos que redactó para ellos, pero más, si cabe, la amplitud del universo literario y cultural que abarca ese proyecto binario: relato mítico, épica clásica, novela en verso, alegoría, espejo de príncipes. Hacer vivo el pasado en el presente e iluminar el presente desde el pasado, tal es el designio de Mal Lara cuando parangona los trabajos de Hércules con los del Emperador Carlos o las virtudes de Psique con las de la mujer cristiana, ya sea una Princesa, como Juana de Austria, o sin más la esposa de un enorme humanista y sencillo maestro de gramática: María Ojeda, a quien va dedicado el canto conyugal que abre el libro X del poema.

                Entran ganas de imaginar cómo serían las horas de Mal Lara en el estudio que abrió para ganarse la vida, «…con aquel exercicio de enseñar a la tierna edad –dice él mismo en La Philosophía vulgar– lo que supe de las lenguas y artes que dan principio a todas las partes de doctrina, casi por espacio de veinte años». Más o menos entre 1548, cuando regresa a Sevilla tras su periplo formativo por Salamanca y Barcelona, y 1568, cuando publica La Philosophía  y se consagra ya a los encargos que recibe por parte de las autoridades locales (el recibimiento a Felipe II en mayo de 1570), o incluso de la propia Monarquía (diseño iconográfico de la galera en que don Juan de Austria debía combatir en Lepanto). En esos veinte años se afana también en sus dos grandes poemas; concretamente, es seguro que trabajó en La Psyche entre 1561 y 1565, sin descartar que la hubiese podido empezar antes. La primera fecha no es neutra en absoluto: es el año en que Mal Lara pasó una temporada preso en el castillo de San Jorge, acusado por la Inquisición de ser el autor de unos versos anticlericales. Si en ese momento le tocó al hombre superar el más arduo de sus trabajos, qué duda cabe que también María Ojeda pasó los suyos, como Psique.

                En tiempos de Mal Lara, el de Psique era un tema muy sevillano, como ha estudiado bien Francisco J. Escobar en su Tesis Doctoral. Lo introdujo en las letras españolas el arcediano hispalense Diego López de Cortegana cuando, hacia 1513, trasladó el Asinus aureus o Metamorphoses de Apuleyo, cuyos libros IV a VI contienen, como se sabe, la versión primigenia del cuento. Luego lo abrevió y puso en verso nada menos que Gutierre de Cetina, a partir de unos grabados y versos italianos. Pero volviendo a lo de cuento, es evidente que esa condición de narración folclórica, patente en Apuleyo y  que los especialistas reconocen en el origen del relato, hubo de ser un aliciente para alguien como Mal Lara, tan interesado por las antigüedades como por lo que hoy llamamos cultura popular. Dos esferas que él no consideraba separadas, sino –y bien que se ve en La Philosophía vulgar– como permeables y complementarias entre sí. Del cuento popular a la épica de alcance alegórico hay un recorrido que Mal Lara hizo de la mano de los mitógrafos medievales y de los exégetas del Humanismo, en particular Filippo Beroaldo, autor de una edición del Asinus con comentarios en clave neoplatónica (Bolonia, ca. 1500). La idea era, naturalmente, desentrañar todo el saber secreto que se escondía bajo la apariencia de un simple cuento de hadas.

                Mal Lara contagió su interés por el tema de Psique a Fernando de Herrera, que  colaboró con tres composiciones en el proyecto de su maestro y mentor. Lo mismo hicieron otros ingenios próximos al autor, como Juan Sánchez (o Sáez) Zumeta o el lexicógrafo Cristóbal de las Casas. Pero lo que debía ser un libro impreso se quedó en obra inédita hasta hoy. Con su atinado donaire lo señaló el licenciado Pacheco, uno de los espíritus más lúcidos de aquella Sevilla, en una sátira que compuso hacia 1570:
                                                                  Andará siempre Siche sin abrigo,
                                                               hecha moza de cántaro muy rota,
                                                               sin ganarle a su amo aún medio higo.

El pronóstico de Pacheco pierde hoy su vigencia: Psique ya tiene el buen abrigo que le dan esta edición y la benemérita institución que la patrocina.

Permítaseme, para terminar, una nota personal. Como ya llevo algunos años de trabajo universitario –ciertamente más de los que me restan– puedo decir sin temor a equivocarme que la mayor satisfacción del mismo es encontrar alumnos a los que enseñar y de los que aprender. En esto Escobar es para mí uno de los primeros, y un buen ejemplo me proporciona con este libro, originado en una tarea de la que fui partícipe en su día. De ahí que me sienta tan feliz al verlo impreso.

En uno de los  manuales que Mal Lara escribió para uso de los alumnos de su estudio (In sintaxin scholia, 1567) me he topado con que, en su prefacio, señala como rasgos del buen maestro estos tres: scientia, fidelitas, benevolentia. Son los mismos que yo reconozco en el autor de este libro."
Juan Montero
Universidad de Sevilla